Tan Simple como acercarse cada vez un poco más a nuestra natura. (por Fernando Diaz)
Uno anda distraído por la calle entre tanto humo y cemento y se choca con secuencias que suelen ser de bastante agrado para estos ojos que hoy no sólo observan, sino que también escriben. El ser humano, cual mamífero que corre acelerado haciendo equilibrio en el cemento -pero mamífero en fin-, camina y camina, adaptando su sentir, su accionar y hasta su comer a lo que dicta el consumo de turno. La esencia del alma pura que no conoce de sistemas y no reprime en el sentir, hace que desarrollemos un amor sincero, puro y real hacia nuestros amiguitos más cercanos. Ese perro que al pasar nos mueve la cola y ese gato que pasa las tardes paseando libre por el barrio, son quizás la personificación y el estandarte más autentico y real de nuestro más lindo sentir, de nuestra capacidad innata de compartir el medio. Somos seres transitando un mismo tiempo y lugar, compartiendo lo que la natura da y transitando por este mundo sin demasiadas certezas.
Y todo lo que intente escribir me ronda sobre la palabra respeto. Respeto que no le escapa a ninguna forma de vida, que es parte del sagrado lenguaje tácito universal que da colores al vivir, estoy hablando del respeto al vivir, al sentir, a los ciclos naturales, al desarrollarse: respeto total a todo bicho que camina, sin tener que andar desembuchando un sin fin de argumentos de salud ni de ética (que existen y abundan), solo dándole real vida al famoso “no matarás”. Y que esto no suene a mandamiento frío y religioso, esto es universal, es del corazón y todo gesto que salga desde ese órgano conciente carece de doctrinas, se rige solo por el SENTIR.
Somos una porción pequeña de la inmensa torta del universo, somos mamíferos humanos compartiendo este mundo con miles de especies hermanas.
Durante la historia, nuestro avance material y el crecimiento de nuestro ego hizo que apartemos nuestro sentir a grandes aglomerados de cemento dispuestos a devorarse nuestra sensibilidad. Fuimos marginados hacia este abismo de codicia de la mano del dinero, del poder y de la muerte, el dinero que todo lo transforma, el poder que todo lo tapa y la muerte que es el fiel reflejo de todo esto.
El universo es grande, y aunque suene redundante en mis palabras, la tierra está bendecida por infinitos colores que pueden combinarse entre sí y lograr ser una exquisita fiesta de sabor para nuestro paladar. No hace falta que ningún ser sufra para que transitemos la vida sanos, fuertes y con la conciencia tranquila.
Sería muy beneficioso para el desarrollo de la vida sobre esta tierra que todos probemos las ventajas de una dieta vegetariana, que todos desarrollemos ese respeto, mutuo y básico, al convivir.
Una dieta basada en vegetales, granos, frutos, y todo lo exquisito que la pacha nos brinda puede ser muy saludable, muy vigorosa y muy fuerte, pero sobre todo será de gran agrado para todos los animales que tristemente hoy en día son víctimas del egoísmo del ser humano.